Después de haber dado vergüenzas el torneo, lo único que quedaba de consuelo era el poder ir a conocer Yucatán, así que decidimos ir a Chichen Itza. Como el pasaje era muy caro (trescientos pesos por persona), decidimos mejor rentar un carro para ir. Ahora me doy cuenta que no fue algo muy inteligente dejar que David manejara, pero bueno, como diría Tototzin: "si me toca morir, me voy a morir ya sea en carro, en avión o en burro", por lo que decidimos correr el riesgo.
Milagrosamente llegamos sanos y salvos a Chichen Itza, donde pensamos que ibamos a gastar mucho, pues nos habían dicho que cobraban $200 por persona, y además, pensabamos contratar un guía, de lo cual nos arrepentimos cuando supimos que cobraba ¡cuatrocientos pesos!, los cuales no teníamos porque apenas y juntabamos para la entrada.
El primer lugar por el que pasamos fue por la tienda de recuerdos de una viejita, donde me ofrecieron un calendario Maya que costaba 60 pesos en 50. Como le dije que no, me dijo que me lo dejaba en 40. Una vez más le dije que no, y entonces me dijo que me daba el calendario y una pirámide que me habia gustado (cuyo precio era de 70 pesos) en $35 cada una, si me llevaba las 2. No podía yo creer la ganga que me estaban ofreciendo, así que sin pensarlo 2 veces acepté la oferta pensando que había hecho un gran negocio (de $130 que era el precio de ambos productos, solo pagué $30). Me parecía increíble lo mucho que podían devaluar el precio de sus productos, y justo cuando pensé que no podían dar las cosas más baratas, ander dijo: "¿Cuánto me cobra si me llevo uno de estos (un calendario maya igual al mio), uno de estos (una pirámide idéntica a la mía), y uno de estos (una figurilla cuyo precio era de $80)? A lo que la señora respodió: "Se los dejo todos por...¡¡¡¡Noventa pesos!!!! No es posible que de $210 que sería el precio normal de las 3 cosas, solo tuviera que pagar $90 que es menos de la mitad!!! Obviamente yo me alteré y le dije a la señora: "yo también quiero una promoción de esas" y ella me respondió: "no, a usted no puedo dársela"; ¿por qué? le pregunté, a lo que me respondió: "porque usted no me la pidió".
Después de oir eso me alteré aún más, y le dije que yo también quería pagar $90 por 3 cosas, así que empece a preguntarle precio de todo lo que estaba en la tienda, pidiéndole que me dejara algo en 20 pesos, pero no quiso. Incluso me ofreció una estatua que valía $150 en $40!!! pero como yo quería que me la dejara en $20, pues no la compré, me puse a hacer berrinche como niño chiquito para que me la dejara en 20 pesos, pero no funcionó, así que nos fuimos.
Llegamos a la entrada, y así como sin nada, pasamos. Nadie nos dijo ni nos cobró nada, pero una vez del otro lado, volteamos atrás y vimos una enorme fila de gente, pasando de uno por uno. Entonces nos dimos cuenta de que habíamos entrado por la salida. Bueno, si no había nadie cuidando la salida, ¿nosotros que culpa?
Ya estando adentro, obviamente no sabíamos que onda. Caminamos como sonsos un poco alrededor de las pirámides, hasta que nos topamos con un grupo que llevaba guía, y como eran muchos, dijimos: "ni se van a dar cuenta si nos les pegamos", y así fue. De esta manera tuvimos una visita guiada, y gratis.
El resto de la visita pasó sin pena ni gloria. Pero al tomar la carretera de regreso a Mérida, David que es bien abusado, se dio cuenta de que los letreros estaban al revés, lo que lo hizo pensar que quizá venía manejando en sentido contrario. Pero después de reflexionar unos segundos dijo: "No, no creo venir en sentido contrario, porque hay 4 carros siguiéndonos, y no creo que ellos también se hayan equivocado". Y así siguió por la carretera unos metros más, hasta que en una curva nos sale un trailer que venía justo enfrente de nosotros, por el mismo carril pero en sentido contrario. Después de casi ser aplastados, David reconsideró la posibilidad de que tal vez íbamos en sentido contrario.
Increíblemente salimos vivos de la carretera en sentido contrario, y por fin llegamos a Mérida. El único detalle era que no sabíamos como regresar al hotel. Después de manejar media hora en dirección al centro, de repente nos vimos en una carretera en medio de la nada que tenía un letrero que decía: "Celestún".
Después de modificar un poco el rumbo, por fin llegamos al centro de Mérida, donde decidimos ir a cenar y a ver el señor de los anillos. Nos encontrabamos a medio camino cuando nos topamos con un semáforo. Como era de esperarse, al ver el color rojo nos detuvimos, pero tal parece que el sonso que iba manejando el carro de atrás no conocía la simbología de los semáforos y pensó que el color rojo significaba acelerar.
Después de recibir el golpe, nos aorillamos pensando que el tipo que nos chocó iba a detenerse... una gran tontería. Por suerte, la policía estaba cerca y luego luego emprendió la busqueda del auto que nos pegó, el cual encontramos abandonado en una plaza unos metros adelante.
Después de esperar ahí bastante tiempo (y hacernos a la idea de que no íbamos a alcanzar la función en el cine), por fin reapareció el conductor, quien llego en otro carro, que por cierto tambien estaba chocado. El tipo pensó que no lo íbamos a reconocer, y todo el tiempo habló como si el no hubiese manejado el coche, en cambio, decía que el conocía al dueño del carro y que podía hablarle si queríamos. Total que le habló al supuesto dueño del carro, y entre las aseguradoras (de la arrendarora de autos y el tipo del carro) iban a solucionar el asunto. Total que después de como 2 horas al fin pudimos solucionar el asunto. Estabamos sorprendidos de la eficacia y rapidez con la que trabajaba la policía en Mérida, no podíamos creer lo bien que hacían su trabajo... hasta que nos pidieron pal chesco. Bueno, supongo que no se puede tener todo, eficiencia y honradez a la vez es demasiado. Después del incidente, regresamos al hotel.
Al otro día todo transcurrió sin novedad, pese a que una vez más no pudimos ir al cine porque Yehudi había perdido sus boletos de avión y fuimos a buscarlos (que para colmo estaban en su maleta =P). Y así pasó el resto del día tranquilamente, hasta que David y yo tomamos el camión de regreso a México D.F.
No tenía mucho que habíamos salido de Mérida cuando de repente el camión da un giro repentino, se oye un golpe, y la mitad de los pasajeros salen volando. ¡El camión se había salido del camino y casi se volteaba!. Quien sabe con cuantas cosas se había estrellado, el chiste es que se le había caído todo el parabrisas y la puerta estaba deshecha. Todos los pasajeros estaban histéricos, excepto David... que estaba durmiendo. Había una señora que ya mero golpeaba al chofer que porque casi nos mata, y porque no se apuraba a regresar a Mérida para cambiarnos de camión. Después de perder cerca de 2 horas ahí, llegó otro camión en buenas condiciones, y nos cambiamos de camión. Ya casi todos los pasajeros se habían bajado, cuando de repente David abre los ojos y dice: "¿A dónde van todos, que ya llegamos?" le dije que no, que nos estabamos cambiando de camión, a lo que preguntó: "¿Todos?". Nunca se enteró de lo que pasó hasta el otro día, cuando lo despertaron porque el chofer iba a hacer una escala y tenía que cerrar el autobus. Para mí que pueden bombardear y ni así se hubiera despertado David.
Bueno, creo que con esto es suficiente y además ya me canse de escribir, por lo que doy por terminado este relato. Luego les contaré mas chocoaventuras.